Rompí con mis creencias para liberarme de la depresión

Por: Su Gomila (Spain)

Recuerdo que estaba totalmente perdida y hundida, con una fuerte depresión de la que esperaba que alguien me sacara. Ni psicólogos, ni psiquiatras me ayudaron a derribar aquel muro que se interponía entre mi mente y corazón impidiendo que fuese consciente de cómo salir de allí. Fui alternando entre crisis de pánico y depresiones durante años, harta de ahogarme, harta de sentirme morir, harta de no vivir, harta de esperar a que alguien me rescatase y me sacase de allí.

De repente alguien me habló de Laura, una chica que se dedicaba a la sanación. Fui a su casa. Me tumbó en el suelo y empezó a desplegar sobre mí todos sus recursos, su consciencia y su luz: Reiki, geocromoterapia, masaje… Al cabo de algunas sesiones empecé a ser consciente de que en ese “paréntesis sagrado” que se creaba, toda la oscuridad desaparecía y lograba respirar. Ese fue el primer rayo de luz, el de darme cuenta de que todo lo que sucedía no era más que una postura mental de la que me podía desprender: un miedo infundado y abstracto.

¡Estás muerta en vida!, me espetó una vez cuando le expresé mi miedo a morir.

Aquella verdad me impactó y me hizo reaccionar. Eran los años 90, a mis 28 años aproximadamente, cuando tomé consciencia del problema, de hasta qué punto me estaba obligando a mantener una situación de infelicidad y en la que presa de mis creencias me había condenado a vivir. Logré la valentía y el mínimo de consciencia para hacerme fuerte y liberarme, romper con todo e ir a por mucho más. Rompí con mis creencias y limitaciones, a la vez que con los de la cadena de mujeres que ancestralmente me preceden y no tuvieron oportunidad.

Desde ahí empezó mi largo camino hacia la elevación de la consciencia: Aprendí masaje restaurador en una escuela llamada “manos de luz” y ya nunca paré: masaje superior, Reiki, kinesiología, sanación espiritual, psicología transpersonal, masaje metamórfico, geometría sagrada y múltiples talleres de crecimiento que finalmente me llevaron donde estoy hoy, centrada en los Registros akáshicos, su lectura y sanación. Descubrirlos ha sido un bálsamo para mi alma, un reencuentro con mi espiritualidad, un ser vista, comprendida y acompañada desde el alma y siento una verdadera necesidad de ser canal para otros y acercarles a esa misma realidad que a mí me ha aportado tanta paz, dándole a mi vida un mayor sentido y dirección.

A lo largo de todos estos años, he ido creciendo y logrando una independencia emocional, un empoderamiento que me hace sentir autosuficiente y feliz sin necesidad de más. Me siento aprendiz de toda la inmensidad de sabiduría y conocimiento aún por descubrir, pero dispongo de recursos con los que trabajar y es desde ahí que anhelo compartir desde el alma con otros seres y poderles acompañar, ser su canal, tenderles la mano como hizo Laura conmigo, quien logró en mi mente un clic que cambió mi vida para siempre.

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