Mi hijo con síndrome de down vino a mi vida a salvarme

Por: Luis Chiva (España)

Me llamo Luis Chiva de Agustín, ginecólogo, con una familia de 7 hijos y esta es nuestra historia.

En febrero del 2010 mi esposa, María, recibió un correo en el que se mencionaba que un niño extranjero fue dejado en el hospital al nacer por tener Síndrome de Down, además, se preguntaba si había algún interesado en hacerse cargo. Hablamos del tema, pero ya teníamos una familia bastante grande y se quedó en stand-by. Al día siguiente, decidimos llamar para preguntar qué había sido de él. Al parecer, había gente interesada. A pesar de no tener interés en el momento, decidimos ir a hacer la entrevista en la que nos dijeron que el niño ya tenía unos padres prácticamente determinados. Tras 15 días, se pusieron en contacto con nosotros porque faltaban datos y pensamos que no tenía mucho sentido, por nuestra situación. De todas maneras, fuimos y nos hicieron un tercer grado en el que nos hicieron muchas preguntas. En ese momento, volvimos a explicar que teníamos 7 hijos y que ese niño según entendimos ya tenía quien le cuidara. A esto último nos respondieron que los interesados habían desistido por diversos factores. Nos quedamos estupefactos y nos vimos en primera línea de fuego pensando en la posibilidad de adopción.

Seguidamente, comentamos a nuestros hijos que estábamos en una disyuntiva por la propuesta. Surgió una división entre ellos, unos se mostraban alegres profundamente y otros pensaban que si estábamos locos puesto que éramos muchos. Casualmente, el mismo día que nos hicieron la propuesta, tenía una consulta a la que acudió una mujer cuyo tercer hijo tenía Síndrome de Down. Ella me contó su experiencia, había tenido un gran duelo, pero sentía que estando con su hijo, tocaba a Dios. Esta cita a María y a mí nos tocó mucho y sentimos un gran impulso.

En mayo, el niño al que llamamos José María se quedaba con nosotros. Fue el motivo de muchísima alegría.

En octubre, comencé a sentirme peor, muy cansado con muchísima sudoración nocturna, fiebres e incluso desmayos. En febrero de 2011 recibí mi diagnóstico, leucemia aguda mieloblástica. Requirió tratamientos como quimioterapia ablativa, trasplante de médula y hospitalizaciones. Entonces, mi hija me dijo “Papá, ha venido para salvarte”. Efectivamente, cuando venía a la habitación me levantaba la moral y me ayudaba como un estímulo permanente.

Entonces, ¿qué nos ha aportado José María? Nos ha acercado al mundo de la discapacidad. Las personas Down tienen una misión en esta vida: mostrar que mucho más allá de tus capacidades tienes un valor relacionado con tu capacidad de amar. Tienen una sensibilidad brutal para descubrir los sentimientos más profundos de las personas de su alrededor. Lo hemos vivido en familia y aunque las cosas no han sido del todo fáciles, nos ha hecho crecer. Hoy José María tiene 12 años y nos va a acompañar haciéndonos valorar muchas de las cosas que quizá no hubiésemos valorado si no estuviera. Es increíble la preocupación por los demás, la persistencia y cómo evita la frustración ante las dificultades.

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